—¿Y si lo toma mal?— Ahí estás dándole vueltas una y otra vez. A minutos de entrar a la reunión que agendaste para conversar un tema incómodo. Y aunque intentas verte tranquilo por fuera… por dentro estás calculando cada palabra. Porque en tu cabeza sigues buscando la frase perfecta, el tono correcto, la distancia justa entre ser claro y no sonar duro.
Tranquilo, no estás solo. Dar feedback negativo estresa, incomoda y te pone en una posición difícil, incluso cuando sabes que es necesario.
Así que toma nota, porque te voy a ayudar a que esta conversación sea un poco más fácil.
Quería entender por qué el feedback negativo se siente tan incómodo, así que le pregunté a la IA. Esto fue lo que me dijo:
“Cuando percibimos un conflicto, el cerebro activa la amígdala y dispara una respuesta de estrés, liberando cortisol. En ese estado, el córtex prefrontal (la parte más lógica y racional) se bloquea parcialmente, y se activan mecanismos de defensa tanto en quien habla como en quien escucha”.
Suena complicado, pero en pocas palabras, el cerebro interpreta la situación como un “peligro social”. Y por eso nos estresamos.
A veces, el feedback toca la inseguridad del otro. Pero otras veces toca la nuestra. Nos enfrenta a ese miedo de herir, de perder cercanía o de ser percibidos como duros. Nos hace dudar de nuestra autoridad o temer que una conversación honesta termine rompiendo algo que costó construir.
Pero si no se dice, igual se rompe. El vínculo se erosiona igual, aunque no haya palabras. Porque el feedback ausente también se siente: en los gestos, en las oportunidades que se retiran, en las reuniones más frías. Y ese es el terreno perfecto para que crezcan los malentendidos.
Sé que puedes estar pensando que no decir nada puede parecer más “cuidadoso”, pero en realidad es todo lo contrario. Dar feedback a tiempo es una de las formas más profundas de cuidado.
Porque quien se atreve a decir algo difícil con respeto, demuestra que le importa el crecimiento del otro… y también el del equipo.
Y es que no se trata de soltar comentarios sin filtro, sino de construir espacios donde lo difícil se pueda decir sin herir. Donde el objetivo no sea señalar errores, sino acompañar a mejorar.
¡Vamos a lo práctico! Si de verdad queremos cuidar desde el feedback, hay algunas claves que pueden ayudarnos a dar ese paso difícil con más claridad y menos tensión:
Porque sí, cuidar no es evitar lo incómodo, cuidar también es decir lo que incomoda, pero con respeto. Cuidar es estar dispuesto a tener conversaciones difíciles para evitar quiebres profundos. Cuidar es ayudar a crecer.
Así que la próxima vez que algo te moleste, no lo guardes para después. Respira, estructura la idea, busca el momento y dilo. Con respeto, con claridad, con propósito. Quizás esa conversación difícil sea el inicio de un equipo más maduro, más consciente y más conectado.